El packaging en la historia

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¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?

Los envases han jugado papeles diferentes e importantes a través de la historia. Con la evolución de la sociedad, han ido cambiando y reflejando nuevas necesidades demandadas por los consumidores.

Hoy en día, las empresas se esfuerzan para que sus productos tengan la mejor presentación posible a través del diseño del empaque, transmitiendo valores de marca y su posicionamiento dentro de un mercado.

El packaging está tan arraigado en nuestro mundo que ya casi ni nos fijamos en lo importante que es: preserva alimentos y bebidas, nos ayuda a transportarlos, protege el producto y con el añadido de que, comunica al consumidor información valiosa sobre el producto para que sepa qué está comprando exactamente.

Si bien es cierto que, en nuestra sociedad, es impensable que un producto venga sin su envoltorio, en realidad, antiguamente era lo más habitual: la idea de presentar un producto era considerado innecesario y muy costoso.

Si nos remontamos a los orígenes, casi 10.000 años atrás, fue en el paleolítico (época de cazadores y recolectores) cuando el hombre evolucionó y comenzó a utilizar materiales provenientes de la naturaleza y los animales como pieles y vejigas para almacenar y contener bienes como agua y comida. A partir de entonces, se empezaron a crear los canastos, más próximos a los envases que se usan hoy en día y que podrían dibujar su línea evolutiva hasta las cestas.

Más adelante, el elemento que determinó el uso de los primeros packagings de la historia fue el vino. La producción de este “caldo” considerando como la bebida de los dioses, empezó cerca del año 5.000 A.C.

En época de romanos y griegos y con la entrada de la exportación y comercialización, se desarrolló lo que nombraron “la caja de cartón del mundo antiguo”: el ánfora de arcilla. Un recipiente cerámico de gran tamaño con dos asas y un largo cuello estrecho muy resistente y económico que resultó ser muy beneficio para el comercio de ésta bebida obtenida de la uva.

En el siglo III los romanos abandonaron el ánfora a favor de un embalaje que aún hoy sigue siendo ampliamente utilizado: el barril de madera. Un recipiente cilíndrico que todavía sirve como medio de almacenamiento de elementos líquidos o sólidos.

El monopolio del barril fue roto por la botella cuando en el siglo XVII surgió la fabricación del vidrio. Con un tamaño perfecto, los compradores no tenían que adquirir barricas enteras de vino sino que podrían simplemente consumir lo necesario reduciendo así el desperdicio causado por la oxidación del vino que quedaba expuesto al aire.

Con la entrada de la revolución industrial se inició un cambio en el pensamiento y en las necesidades de los consumidores; se comercializa por primera vez una mermelada en tarro ancho de cristal y también los primeros alimentos en cartuchos de hojalata soldada a mano.

Pero es en 1885 cuando el empresario William Lever decide envasar su jabón bajo la marca comercial Sunlight, dotándolo de una personalidad innovadora y amigable consiguiendo así diferenciarse del resto de competidores de aquella época.

Cinco años después, en 1890, se inventa la primera caja de cartón. Ya en el siglo XVI en China se utilizaba el cartón, pero no fue hasta este año cuando Robert Gair, un impresor y fabricante de papel en Brooklyn ,inventa la caja de cartón corrugado.

Desde entonces, el arte de personalizar los productos se hizo masivo y general. En los años 30, la evolución y los avances tecnológicos con nuevas técnicas de impresión y estampación de ilustraciones y logotipos vinculados a los envases y a los embalajes, revolucionaron el consumo de diversos productos.

Los consumidores empezaron a exigir una mayor calidad en el packaging, por lo que, los fabricantes, tenían el difícil reto de emocionar y ofrecer la mejor experiencia a sus clientes con un simple envoltorio.

En los años 20, la mitad de tiendas en las principales ciudades cosmopolitas como Inglaterra, Estados Unidos o Alemania, ya vendían envasadas prácticamente la mitad de sus mercancías.

Durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, los embalajes aprovechaban los sucesos para hacer referencia a ellos de alguna forma.

Una vez finalizada la guerra, la industria del embalaje empezó su desarrollo y hoy en día aún sigue creciendo.

Con el surgimiento de autoservicio, el packaging comenzó a tomar mayor vigor comercial gracias a un hecho fundamental: la desaparición del vendedor y con él, el prescriptor que aconsejaba la elección de un producto u otro. Con la llegada de los supermercados, el marketing, la publicidad en televisión, el ordenador e internet, entre muchos, se ha completado un universo del cual el packaging, ha alcanzado extenderse.

Actualmente el mundo del packaging es cada vez más competitivo. Los envases adquieren mayor importancia en cualquier empresa o negocio y se están convirtiendo en una de las mejores herramientas de marketing. En un mercado tan feroz es vital marcar la diferencia e innovar en las formas y el diseño.

De lo que estamos seguro es que los envases y embalajes seguirán evolucionando combinando calidad, diseño, tecnología e innovación, gracias a la nueva era de los Smart Packaging o envases inteligentes.

Gracias por leernos, nos vemos en el siguiente post 🙂

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